RESCATANDO LA HISTORIA
En esta entrada les acerco el lugar donde nació el abuelo, rescatado por nuestro primo Ricardito en su ida a España. Pienso que es un lindo testimonio.
https://www.youtube.com/watch?
Las pautas
culturales a veces se transmiten en forma imperceptible como en un juego donde
la diversión, la picardía y lo oculto – prohibido, retoza en momentos de
nuestras vidas.
“Los langostinos clandestinos”
La casa empezó
con tres piezas de 5 por 5, techos altos de bovedilla, separadas del baño y la
cocina, por un espacio a cielo abierto. Pasó a tener un garaje techado, una
puerta de calle, sustituta del portón de origen que mediante un corredor
cerrado daba unidad a las primeras construcciones. Luego apareció una claraboya
de 6 por 2 metros que entre los dos últimos cuartos, la cocina y el baño unía e
iluminaba la parte del fondo. Una escalera
y dos piezas se acoplaron arriba y hacia la calle. Una segunda escalera en el
fondo llevaba a un patio donde se lavaba la ropa y por otro tramo de hierro se
ascendía a la azotea. La cocina se amplió con un comedor diario conectado con
ella. Así fue cuando la compraron los abuelos Salvador y Castora.
Precisamente en
ese comedor a media luz recuerdo la imagen de mi abuelo Salvador con su botella
y vaso de vino, una fuente y el plato de mejillones, camarones, pulpo,
langostinos y otros productos del mar.
Había venido de
España, desde el Faro de Corrubedo con sus diecisiete años y con él viajó su
cultura. Cuando yo llegaba sin que nadie lo notara me llamaba con un chistido.
Encantado por aquel ambiente atrapante, me arrimaba y él me ofrecía sus
manjares.
Recuerdo que lo
que me gustaba más eran los langostinos. El ritual se realizaba sin que mis
tías se enteraran pues si no le rezongaban por darme eso que me podía hacer
mal.

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