LOS MOREIRA


Vista previa Vista previa Como producto de la migración conformamos piezas de un crisol cultural. Echamos raices en estas tierrras y en ellas sentimientos, afectos, costumbres e ideas que perfilaron nuestras vidas.

Supimos de la distancia, la soledad, el desencuentro, así como de los momentos de compartir y felicidad.

Reencontrarnos, descubrirnos en cada instante puede ser un hermoso desafío.

miércoles, 10 de septiembre de 2014


 RESCATANDO LA HISTORIA

 En esta entrada les acerco el lugar donde nació el abuelo, rescatado por nuestro primo Ricardito en su ida a España. Pienso que es un lindo testimonio.



https://www.youtube.com/watch?v=IrNsxiGZAoU&feature=youtube_gdata_player



Las pautas culturales a veces se transmiten en forma imperceptible como en un juego donde la diversión, la picardía y lo oculto – prohibido, retoza en momentos de nuestras vidas.

“Los langostinos clandestinos”
Resultado de imagen para faro de corrubedo fotos    La casa paterna en Guaná y Acevedo Díaz era propiedad de la familia desde 1932. Siendo un adolescente, miraba los viejos planos de la misma que se remontaban hasta 1917. Cuando lo hacía, navegaba en el tiempo, observando los cambios que había tenido su construcción. Volaba mi imaginación, reconstruyendo personajes de la parentela en diferentes momentos de sus vidas.
La casa empezó con tres piezas de 5 por 5, techos altos de bovedilla, separadas del baño y la cocina, por un espacio a cielo abierto. Pasó a tener un garaje techado, una puerta de calle, sustituta del portón de origen que mediante un corredor cerrado daba unidad a las primeras construcciones. Luego apareció una claraboya de 6 por 2 metros que entre los dos últimos cuartos, la cocina y el baño unía e iluminaba  la parte del fondo. Una escalera y dos piezas se acoplaron arriba y hacia la calle. Una segunda escalera en el fondo llevaba a un patio donde se lavaba la ropa y por otro tramo de hierro se ascendía a la azotea. La cocina se amplió con un comedor diario conectado con ella. Así fue cuando la compraron los abuelos Salvador y Castora.
Precisamente en ese comedor a media luz recuerdo la imagen de mi abuelo Salvador con su botella y vaso de vino, una fuente y el plato de mejillones, camarones, pulpo, langostinos y otros productos del mar.
Había venido de España, desde el Faro de Corrubedo con sus diecisiete años y con él viajó su cultura. Cuando yo llegaba sin que nadie lo notara me llamaba con un chistido. Encantado por aquel ambiente atrapante, me arrimaba y él me ofrecía sus manjares.
Recuerdo que lo que me gustaba más eran los langostinos. El ritual se realizaba sin que mis tías se enteraran pues si no le rezongaban por darme eso que me podía hacer mal.

 

lunes, 16 de junio de 2014

 RAÚL II

Apareció el perro que debía de la entrada anterior. 
Como no podía faltar la rambla montevideana antes que la tomara la piqueta fatal del progreso.



Disfruten

 RAÚL "EL BENJAMIN"




Esta entrega se la dedicamos al benjamín de la familia: Raúl. Como se dice en las publicaciones “agradecemos los registros fotográficos a María  del Carmen”. Esto es para que algunos más se contagien y manden algo. Vemos al joven tío en sus tempranos paseos y un perro del que escuché varias veces su nombre pero no lo recuerdo.

1ª foto: Toto, Raúl, El abuelo
2ª foto: Mª. Esther, Luisa, Aida y Raúl


lunes, 9 de junio de 2014

LA PEQUEÑA "IRIA NELIDA"


    Este certificado llegó a mis manos  por Amneris. El Coco lo había guardado celosamente.

    Era una niñita, una entre los hijos de Castora y Salvador que se fue tempranamente pero que estuvo siempre en la historia familiar.






…Pasos,
silencio  que escucha
el patio de tierra dura.

…Sonrisa,
tierna mirada
a aquel que la recibió.

…Recuerdo,
vapor del tiempo
Sombras, siluetas que viven.

Ojos que nos contaron
lo que otros ojos no vió.               (para Iria)


lunes, 31 de marzo de 2014

Los encuentros familiares



La familia supo de espacios “iconos del compartir”. Verona la casa de “Las Tías”, fue uno de esos lugares. Manuelita, Blanquita, María Elena, hermanas de la abuela Castora tenían ese lugar que albergaba a toda la parentela.
Era atrás del Parque “Durandó” hoy tristemente llamado Rivera. También lo fue en menos medida una casa alquilada en playa Honda que aunque en Montevideo, funcionaba como una casa de balneario. En esos y otros tantos lugares que más adelante iremos recordando, la familia grande se encontraba, compartía y disfrutaba.


Chichi y Vasquito; Emilio y Rubencito

Del manuscrito “Caminando por la de vida” recojo el siguiente relato:
“En Verona siempre reina la alegría”
La camioneta Ford tipo furgón de color marrón del Coco, tenía a sus lados pintado logos de tabaco y cigarrillos. Dos puertas en su cabina y una doble puerta atrás que permitían ingresar a la caja cerrada.
Sin sus estantes, ni la carga de tabaco, quedaba espacio para entrar ocho personas de piernas arrolladas.
Los fines de semana que nos planteaban la ida a Verona eran de fiesta. Se trataba de visitar la casa de las tías viejas de papá que estaba en la calle con ese nombre, detrás del Parque Durando. Por aquellos días era como salir a “las afuera” de la ciudad, a pesar que estaba dentro de sus límites.
No sé si aquello era la sensación de unos niños o que el Montevideo mas aldeano de ese entonces nos hacía sentirlo así.
Un bolso con algo de ropa para cambiarnos algunas frutas y el viaje se iniciaba. Nuestras cabezas volaban desde que arrancaba la camioneta pensando trepar a los árboles, jugar con mis primos, ir al parque respirar ese aire puro en la presencia del lago y jugar al fútbol.
Cuando tomábamos Bvar. Artigas y luego Avda. Italia los cantos se empezaban a escuchar como una convocatoria al disfrute... “en Verona siempre reina la alegría,...en Verona siempre reina el buen humor...”