La familia supo de espacios “iconos del compartir”. Verona
la casa de “Las Tías”, fue
uno de esos lugares. Manuelita, Blanquita, María Elena, hermanas de la abuela
Castora tenían ese lugar que albergaba a toda la parentela.
Era atrás del Parque “Durandó” hoy tristemente llamado Rivera.
También lo fue en menos medida una casa alquilada en playa Honda que aunque en
Montevideo, funcionaba como una casa de balneario. En esos y otros tantos
lugares que más adelante iremos recordando, la
familia grande se encontraba, compartía y disfrutaba.
Chichi y Vasquito; Emilio y Rubencito
Del manuscrito “Caminando por la de vida” recojo el siguiente
relato:
“En Verona siempre reina la alegría”
La
camioneta Ford tipo furgón de color marrón del Coco, tenía a sus lados pintado
logos de tabaco y cigarrillos. Dos puertas en su cabina y una doble puerta
atrás que permitían ingresar a la caja cerrada.
Sin sus
estantes, ni la carga de tabaco, quedaba espacio para entrar ocho personas de
piernas arrolladas.
Los fines
de semana que nos planteaban la ida a Verona eran de fiesta. Se trataba de
visitar la casa de las tías viejas de papá que estaba en la calle con ese
nombre, detrás del Parque Durando. Por aquellos días era como salir a “las
afuera” de la ciudad, a pesar que estaba dentro de sus límites.
No sé si
aquello era la sensación de unos niños o que el Montevideo mas aldeano de ese
entonces nos hacía sentirlo así.
Un bolso
con algo de ropa para cambiarnos algunas frutas y el viaje se iniciaba.
Nuestras cabezas volaban desde que arrancaba la camioneta pensando trepar a los
árboles, jugar con mis primos, ir al parque respirar ese aire puro en la
presencia del lago y jugar al fútbol.
Cuando
tomábamos Bvar. Artigas y luego Avda. Italia los cantos se empezaban a escuchar
como una convocatoria al disfrute... “en Verona siempre reina la alegría,...en
Verona siempre reina el buen humor...”

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